La Pastora
Nos encontramos en la
Universidad Tecnológica de Pereira a eso de las 7:30 A M, iniciamos el viaje en chiva rumbo a La Pastora, pasando
por la vía paralela al rio Otún, hasta
llegar al cedral (22 km, 1 hora en automóvil)
Nuestra primera parada fue el La Florida,
ahí nos refrescamos y tomamos
fuerzas para lo que faltaba de viaje.
Al llegar a el cedral nos explicaron cómo funcionaria
el recorrido, Nos dividieron en dos
grupos, el equipaje más pesado lo
llevaron las mulas, realizamos algunos
ejercicios y ¡a caminar!
Desde El Cedral hasta el centro de
visitantes La Pastora se recorren 6
kilómetros (3 horas) por un camino de herradura. Durante esta caminata
observamos distintas plantas, y uno que otro pajarito. Al principio creí que iba
a ser un viaje “imposible” yo
pensaba “tres horas caminado”,
sinceramente me parecía imposible, ya que no acostumbro a ese tipo de
experiencias, pero después de vivirla me di cuenta que valió la pena, y lo
haría de nuevo si tuviera la oportunidad.
Después de la larga caminata llegamos
al centro de visitantes (La Pastora) reposamos y almorzamos, debo recalcar que
ya era justo y necesario, por el hambre que traíamos (por lo menos yo estaba
muerta del hambre) no recuero exactamente que comimos, pero sí que estaba
delicioso.
Luego de alimentarnos empezó la guerra por el lugar
donde íbamos a dormir, algunos se
quedaron en cabañas, yo elegí acampar ya
que nunca lo había hecho y quería probarme a mí misma hasta qué punto
aguantaría el frio, ese frio del que ya me habían hablado con anticipación.
Como pudimos, armamos las carpas en
la zona que nos habían indicado, éramos 4 personas en la carpa y aunque
estábamos un poco estrechas, fue
precisamente el calor humano el que no
permitió que esa noche nos diera hipotermia.
Esa misma noche tuvimos diversa
actividades; desde senderismo hasta baño en la cascada, yo personalmente no me bañé
en dicha cascada, ya bastante frío tenia, así que es actividad no la realicé,
de camino a la cascada no pudimos observar mucha fauna, ya estaba muy oscuro así que fue imposible,
también estaba liso el camino, pero
afortunadamente no hubo ningún inconveniente. La llegar de la caminata nos
recibieron con una deliciosa taza
caliente de agua de panela con queso. Estuvimos un buen rato cerca de una
fogata en ese momento el calor corporal volvió a mi cuerpo.
Después de ese agradable momento la idea era
dormir, cosa que no sucedió inmediatamente, ya que tuve que lidiar con el
insomnio de mis compañeras de carpa.
Al amanecer siguiente la idea era madrugar,
para realizar avistamiento de aves; cosa que fue imposible, el sueño y el frío se negaron a ayudarnos. Así que esperamos
pacientemente la hora del desayuno.
Al llegar la hora del desayuno, nos
alimentamos y se suponía que teníamos que bañarnos, cosa que yo personalmente
no hice y no porque sea cobarde, pero en definitiva esa agua tan fría era para “meros”
machos. Tuvimos nuestro rato de esparcimiento y nuevamente nos preparamos
para emprender camino, ahora era de bajada.
La gran ventaja era que ya estábamos descansados y bien alimentados y yo me había preparado para emprender de nuevo
tres largas horas de camino.
Al llegar a el cedral, nos esperaba
una chiva (sinceramente me volvió el alma al cuerpo) yo no quería seguir
caminado estaba exhausta. No recuerdo exactamente cuánto duro el recorrido hacia el santuario de flora y fauna (Otún Quimbaya)
pero si sé que fue corto. Teníamos calor (por lo menos los que no nos habíamos bañado).
Llegaron y nos ubicaron en las
habitaciones, yo solo podía pensar en bañarme, así que me apresure lo más que
pude para alcanzar un turno a rápido para bañarme. En el transcurso del día
tuvimos diversas actividades, que por cierto fueron muy enriquecedoras, una de
ellas fue en la noche, la idea era confiar en el compañero que nos asignaba el guía
y en medio de la oscuridad del camino
nos fueron separando, el propósito del ejercicio era activar todos los sentidos y percibir la
riqueza que nos ofrece la naturaleza. Yo
estuve bastante nerviosa, pero debo agradecer a mi compañera (Daniela Serna), fue lo
suficientemente valiente y logro que yo me tranquilizara.

Esas como muchas otras experiencias vividas en La Pastora y en El Santuario de fauna y flora las guardo en mi memoria, me siento feliz y satisfecha, aún falta mucho por vivir y conocer, desde ya estoy preparada para lo que venga.



