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miércoles, 4 de junio de 2014

La crónica (la pastora/Risaralda)

La Pastora
Nos encontramos en la Universidad  Tecnológica de Pereira  a eso de las 7:30 A M, iniciamos  el viaje en chiva rumbo a La Pastora, pasando por la vía paralela al rio Otún,  hasta llegar al cedral (22 km, 1 hora en automóvil)
Nuestra primera parada fue el La Florida, ahí nos  refrescamos y tomamos fuerzas  para  lo que faltaba de viaje.
Al llegar a el  cedral nos explicaron cómo funcionaria el  recorrido, Nos dividieron en dos grupos, el equipaje más pesado lo  llevaron las mulas,  realizamos algunos ejercicios  y  ¡a caminar!



Desde El Cedral hasta el centro de visitantes La Pastora se recorren  6 kilómetros (3 horas) por un camino de herradura. Durante esta caminata observamos distintas plantas, y uno que otro pajarito. Al principio creí que iba a ser un viaje  “imposible” yo pensaba  “tres horas caminado”, sinceramente me parecía imposible, ya que no acostumbro a ese tipo de experiencias, pero después de vivirla me di cuenta que valió la pena, y lo haría de nuevo si tuviera la oportunidad.
Después de la larga caminata llegamos al centro de visitantes (La Pastora) reposamos y almorzamos, debo recalcar que ya era justo y necesario, por el hambre que traíamos (por lo menos yo estaba muerta del hambre) no recuero exactamente que comimos, pero sí que estaba delicioso.
Luego  de alimentarnos empezó la guerra por el lugar donde íbamos a dormir, algunos  se quedaron en cabañas, yo elegí  acampar ya que nunca lo había hecho y quería probarme a mí misma hasta qué punto aguantaría el frio, ese frio del que ya me habían  hablado con anticipación.
Como pudimos, armamos las carpas en la zona que nos habían indicado, éramos 4 personas en la carpa y aunque estábamos un poco estrechas,  fue precisamente el calor humano  el que no permitió que esa noche nos diera hipotermia.
Esa misma noche tuvimos diversa actividades; desde senderismo hasta baño en la cascada, yo personalmente no me bañé  en dicha cascada, ya bastante  frío tenia, así que es actividad no la realicé, de camino a la cascada no pudimos observar mucha fauna, ya  estaba muy oscuro así que fue imposible, también estaba  liso el camino, pero afortunadamente no hubo ningún inconveniente. La llegar de la caminata nos recibieron con  una deliciosa taza caliente de agua de panela con queso. Estuvimos un buen rato cerca de una fogata en ese momento el calor corporal volvió a mi cuerpo.
 Después de ese agradable momento la idea era dormir, cosa que no sucedió inmediatamente, ya que tuve que lidiar con el insomnio de mis compañeras  de carpa.
 Al amanecer siguiente la idea era madrugar, para realizar avistamiento de aves; cosa que fue imposible, el  sueño y el frío  se negaron a ayudarnos. Así que esperamos pacientemente la hora del desayuno.
Al llegar la hora del desayuno, nos alimentamos y se suponía que teníamos que bañarnos, cosa que yo personalmente no hice y no porque sea cobarde, pero en definitiva esa agua tan fría era para “meros” machos. Tuvimos nuestro rato de esparcimiento y nuevamente nos preparamos para  emprender camino, ahora era de bajada. La gran ventaja era que ya estábamos descansados y bien alimentados  y yo me había preparado para emprender de nuevo tres largas horas de camino.
Al llegar a el cedral, nos esperaba una chiva (sinceramente me volvió el alma al cuerpo) yo no quería seguir caminado estaba exhausta. No recuerdo  exactamente cuánto duro el recorrido  hacia el santuario de flora y fauna (Otún Quimbaya) pero si sé que fue corto. Teníamos calor (por lo menos los que no nos habíamos bañado). Llegaron  y nos ubicaron en las habitaciones, yo solo podía pensar en bañarme, así que me apresure lo más que pude para alcanzar un turno a rápido para bañarme. En el transcurso del día tuvimos diversas actividades, que por cierto fueron muy enriquecedoras, una de ellas fue en la noche, la idea era confiar en el compañero que nos asignaba el guía  y en medio de la oscuridad del camino nos fueron separando, el propósito del ejercicio  era activar todos los sentidos y percibir la riqueza que nos ofrece la naturaleza.  Yo estuve bastante nerviosa, pero debo agradecer  a mi compañera (Daniela Serna), fue lo suficientemente valiente y logro que yo me tranquilizara.







Esas como muchas otras experiencias vividas en La Pastora y en El Santuario de fauna y flora  las guardo en mi memoria, me siento feliz y satisfecha, aún falta mucho por vivir y conocer,  desde ya estoy preparada para lo que venga.


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